lunes, 10 de junio de 2013

¿Pero a razón de qué lo humano? (homenaje al pie de página)


A razón de sí mismo diría quizás un místico de la estética o un esteta de la mística, pero quizás no esté tan equivocado; en el humanismo podría estar la clave para la disolución política (ontológica) del ser humano.  Me refiero a un humanismo estético, no político; humanismo como realismo, en tanto el realismo es ficción de lo real. Humanismo entendido como ese mar primigenio e itinerante que es la sangre (a la Llinas); el eucariota es un procariota en traje de astronauta. Un humanismo como familia, como ficción ontológica [1].  Mantener al rey convencido del poder que tuvo el primer y único antepasado noble, el único que no era rey pero se convirtió en uno a razón de su poder superior como plebeyo; el único poder real, el poder inmanente, la primera fluctuación irreversible.

En la estética pues estaría la clave para una modernidad sostenible.

[1] Quizás a eso se refería Kubrick en la última imagen de Odisea del Espacio (la ficción del humanismo!), situar la utopía en el núcleo de la nave, y esta utopía es una noción histórica, el escogió el mobiliario de la Francia aristocrática (bueno más o menos); muy acertado pues el sueño del aristócrata ilustrado ha sido una de las utopías más caras desde la república… quizás eso es también el sueño; un regreso a nuestra zona de confort ancestral, un regreso a la nave nodriza, a Ítaca, dormir y despertar es un viaje en el tiempo y el espacio, no de nuestro cuerpo, pero de nuestro ego que es el verdadero viajero intergaláctico.  Pero hay aquí que tener cuidado de no equivaler completamente la metáfora de Kubrick, el historicismo estético, que se sitúa en el plano histórico del lenguaje, de la cultura, y que es muy vulnerable a la crítica de la nostalgia, con la metáfora de Llinas, el historicismo 'estructural' de la sangre como continuación de la sopa primigenia. Encarnan dos facetas de la historia, dos temporalidades (y territorialidades), uno diría que lo estructural es más real, a pesar de ser histórico, que lo cultural o estético, pero ambos son muy reales, tanto como lo es la historia que es el vehículo de lo real; es solo que existen en diferentes temporalidades; si la estructura material de la vida pudiese cambiar fácilmente, de lo orgánico al silicio por ejemplo, entonces empezaríamos a ver nuestro afecto por las cadenas carbonadas como una forma de nostalgia (cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia).  Más que reducir toda temporalidad histórica (cultural o material) a la diana de la nostalgia, quisiera invitar a ver el historicismo (su inercia) cultural con la curiosidad y reverencia que el materialista reserva a los objetos puramente estructurales, y claro, ver el historicismo material con la curiosidad e irreverencia del artista (termino como siempre comienzo: persiguiendo la catarsis dialéctica de la consciencia).
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